Descripción
Un recién nacido tiene ciertos reflejos primitivos que duran poco tiempo. Mediante la repetición de estos reflejos involuntarios, el bebé obtiene información importante sobre el mundo exterior, lo que estimula su cerebro y le ayuda a desarrollarse como es debido. Por ejemplo, un bebé muy pequeño no puede sostener su propio peso, pero, sin embargo, si se le coloca la planta de un pie sobre una superficie plana, moverá el otro pie hacia delante como si caminara. Normalmente, éste y otros reflejos primitivos desaparecen. Si los reflejos permanecen, pueden inhibir el aprendizaje y provocar un retraso en el neurodesarrollo y una mala integración sensorial. Esto puede significar que el niño (y más tarde el adulto) tenga una mala postura, dificultades con el equilibrio, sea hipersensible a la luz o al sonido, tenga dificultades para agarrar cosas, etc. Los niños con este problema suelen ser tachados de disléxicos, vagos, poco comunicativos, agresivos, difíciles, etc. El tratamiento incluye la realización regular de ejercicios que simulen estos movimientos tempranos del desarrollo.